Estampo, porque me salva…

Estampo porque me salva, porque es lo único que me queda”[1]

Ensō hace referencia a los monjes budistas japoneses, en el siglo XVIII meditaban desde la ejecución de un gesto, un circulo a modo de ascesis. Un gesto que se construía con un pincel y tinta negra sobre papel, convirtiéndose en una oración silenciosa pero tangible.

Con tinta de color negro, “que el negro contiene en si la gama infinita de colores, es la matriz de todos ellos” [2], la gama tonal obtenida en base a la obra grafica es infinitamente mayor que en cualquier otro color. La calidad, la vibración y la profundidad de un negro sobre el papel se convierte en todos los colores en una mirada preparada.

La relación entre vacío y plenitud, blanco/negro, la búsqueda del equilibrio, son una preocupación evidente en este trabajo, pero no podemos olvidar algunos principios que aparecen en filosofía principalmente taoísta, donde la lectura de los textos de Laozi y de Zhuangzi, aportan que el estatuto del vacío va más allá << Vinculado al aliento, que es espíritu y materia al mismo tiempo, principio de vida y vida realmente encarnada[3]…>>.

Yo estampo, porque lo tengo que estampar…

En mi ascesis personal esta el gesto el cual ha ido evolucionando a lo largo de los años, mi inmersión en el surge hace más de una década con la serie “Los abismos del alma…” y la intensidad del “negro” obtenido por el carborundo depositado sobre la matriz se han convertido en parte de todo este proyecto, evocando paisajes creados desde esa mirada al interior, convirtiéndose en pintura espiritualista “toda pintura china, al no ser naturalista sino espiritualista, debe contemplarse como un paisaje del alma. El de sujeto a sujeto, y desde el ángulo de la confidencia intima, … en ella el hombre establece sus vínculos con la naturaleza. Esa naturaleza no es entidad inerte y pasiva. Si el hombre la mira, ella también lo mira; si el hombre le habla, ella también le habla”[4]. Tal vez estos paisajes sean un refugio contra la barbarie, contra el sinsentido que en algunos momentos me oprimen el pecho, me silencia la voz, por eso estampo, porque me salva, porque es lo único que me queda.

No me interesa la verosimilitud, intento mostrar las resonancias de mi espíritu, y por extensión se convierten en un nexo de unión con otros congéneres que desde la observación silenciosa comulguen con la obra.

Los abismos del alma… se han convertido en imágenes circulares, tal vez como letras que intenta descifrar un lenguaje oculto o simplemente son lo que son, gestos que surgen de un ascesis persistente. no surgen de una intención predeterminada, simplemente aparecen, se apoderan de mi brazo y terminan formándose sobre la matriz. El carborundo se convierte en el sustentador de color que de manera gradual y silenciosa captura el tono definitivo, el cual posteriormente se trasladará al papel, pero por alguna razón, la imagen ya nace preparada para ser estampada, volver a ser positiva, directa, única[5]. Ahora solo hago círculos, tal vez sea como dice Verdier porque: el circulo es un punto central: vacío nutricio, plenitud primigenia, lugar de nacimiento de lo existente[6], una especie de cosmograma que representa la experiencia de lo sagrado, la diversidad del mundo en la unidad. O tal vez esta sea la frase que encontré después de más de un año haciendo círculos que diera una explicación plausible.

Lo espiritual aflora sin duda alguna por las enseñanzas que voy recibiendo <<…el artista debe tener en cuenta tres factores al mismo tiempo; la naturaleza y sus leyes, la personalidad del artista, su intuición espiritual y su imaginación, y el medio y las leyes que les son propicias…>>[7] esto se convierte en la trasposición de la realidad en algo puramente espiritual.

Hay una tesis que dice “la vida se debe tan solo al encuentro fortuito de diferentes elementos químicos”. En este caso el valor de este trabajo dependerá del interlocutor frente a la obra. Tal vez cobren una nueva razón de ser, con una mirada adecuada… en definitiva hay cuestiones que nunca podré responder y es preciso aceptar esa impotencia.

Cada pieza en si es autónoma, y en la infinita pequeñez de cada obra, intento reproducir el principio de lo infinitamente grande que es el cosmos.

Antonio Navarro

 

[1] Nota del autor en analogía a lo descrito por J. Lostalé: “Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda”

[2] Verdier, Fabienne. La pasajera del silencio. Salamandra. Pág. 95

[3] Cheng, François. Vacío y plenitud. Siruela. 2004, pág. 77.

[4] Cheng, François. Cinco meditaciones sobre la belleza. Siruela. Pág 68.

[5] En gran parte de los procesos técnicos de grabado, la imagen al ser trasladada a la matriz debe invertirse para obtener una imagen negativa, para posteriormente convertirse en positivo al estamparse. Nota del autor.

[6] Verdier, Fabienne. La pasajera del silencio. Salamandra. Pág. 149.

[7] Lucie-Smith Edgard. Movimientos artísticos contemporáneos. Barcelona, Destino, 1991.Pág. 50.

 

 

BIBLIOBRAFÍA

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS

ARISTÓTELES. Acerca del alma

Madrid, Gredos, 2000.

ECO, Humberto. La historia de la belleza.

Barcelona, Lumen, 2004.

ESTÉTICA CONTEMPORÁNEA ESPAÑOLA

ARGULLOL, Rafael. La atracción del abismo.

Un itinerario por el paisaje romántico.

Barcelona, Bruguera, 1983.

BIBLIOTECA DE ENSAYO

CHENG, François. Vacío y plenitud.

Madrid, Siruela, 2003.

DEBATE PENSAMIENTO

CRIK, Francis. La búsqueda científica del alma.

Madrid, Debate, 1994

GIULI, Carlo. El arte moderno.

Madrid, Akal, 1991

GUIU ANDREU, Ignacio, Sobre el alma humana.

Barcelona, Universitas-17, 1992

KRISTEVA, Julia. Las nuevas enfermedades del alma.

Madrid, Catedra, 1995

WLOF, Norbert. Friedrich

Colonia, Taschen, 2003.

SANDLER, Irving. El triunfo de la pintura norteamericana.

Historia del expresionismo abstracto.

Madrid, Alianza Forma, 1996.