De los abismos del alma al ensō.

 

“El alma no piensa jamás sin una imagen…”[1]

En este proyecto aparecen diferentes puntos de referencia, propios del aprendizaje constante del mundo que me rodea , así como el descubrimiento de nuevos elementos constructivos de imágenes como es en este caso el carborundo, posibilitando la creación de una serie de estampas cuyo referente visual son paisajes erigidos en el inconscientes, análogas a la experiencia visual de mi universo.

 

Este trabajo surge de la observación en este caso del espíritu del hombre en la transposición de la realidad en algo puramente espiritual, del devenir del ser humano en unos tiempos donde la razón a dado paso a la barbarie, el horizonte se restringe pero se intensifica el sentido dramático de la existencia.

 

Dónde tal vez el único resquicio de cordura pueda hallarse en el arte. Esta búsqueda de imágenes surgidas de inconsciente son sin duda la base de la obra gráfica que aquí se presenta, esa introspección que me desnuda  y muestra mi percepción de la realidad que acontece en mi alrededor así como las preocupaciones sobre el destino del ser humano en un mundo caótico.

 

Una introspección a los paisajes internos, donde el gesto, se convierte en una visión global del universo y trasferible a otros observadores de desde un ascesis personal comulgan en silencio.

Entiendo la expresión artística como una liberación del alma, una sincretización con el universo.

Por lo tanto el hilo conductor del  trabajo que aquí  presento aparece sin lugar a dudas antes del romanticismo, esa visión donde el hombre es reverente con el paisaje y le muestra pleitesía, esto aflora de igual modo en la pintura tradicional china que me aporta referentes, por conocimiento de parte de esta cultura que proviene de mi estancia en oriente y mi acercamiento al taoísmo y la filosofía Zen.

 

Antonio Navarro

 

[1] Aristóteles. Acerca del Alma. Gredos. 2000.